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“La situación política en Venezuela es la máxima expresión de una cultura petrolera que no ha permitido que trabajemos la tierra”

DAVID HERNÁNDEZ PALMAR, Incidencia Política en la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos indígenas (CLACPI) y miembro de la Muestra de Cine Indígena de Venezuela (MICIV)

David Hernández Palmar lleva en esto de la comunicación indígena nada menos que 18 añazos. Es fotógrafo, realizador audiovisual y miembro de la red de comunicación del pueblo wayúu, una experiencia que nació en pleno proceso de paz en Colombia para poder visibilizar la capacidad narrativa de estas comunidades nativas. Estos días ha visitado Córdoba para presentar la IX Muestra de Cine de los Pueblos Indígenas, que CIC Batá proyectará esta tarde y mañana a las 20h en la Filmoteca de Andalucía. Con él hablamos de los medios de comunicación, un “gran lobby” que favorece los intereses de los gobiernos, y de la “merecida” situación política de Venezuela, consecuencia de una economía que, en su opinión, ha dado la espalda a lo primordial: la tierra.

 

La Constitución de Venezuela contempla los Derechos de los Pueblos Indígenas aunque no se llega a poner en práctica, de modo que estas comunidades ven arrasadas sus tierras y quedan a merced de un gobierno que les da la espalda. ¿Quién vela entonces por los derechos de los pueblos indígenas? ¿Ha cambiado la situación en la actualidad?

Lo que pasó en Venezuela es que muchas de las voluntades se hicieron desde el gobierno, no desde las bases. Toda la lectura que se hace sobre la realidad en los pueblos siempre pasa por la dicotomía político-electoral y eso es un error. Más allá de las necesidades, tiene que haber propuestas vitales, sustanciales, del pueblo que podrían llevarnos a un mundo más justo.

¿Cuáles son esas propuestas?

Por ejemplo, hay una que se llama Territorios Energéticamente Sostenibles. Venezuela es uno de los pocos países en Latinoamérica que tiene el servicio eléctrico nacionalizado y ante pretensiones de explotación de carbón, en nombre de la “energía para el pueblo”,  compañeros  ecologistas y de otros movimientos sociales han propuesto optar por energía limpia o reactivar un parque eólico que hay en La Guajira. Hemos tenido unos procesos de diálogo de alto nivel con el gobierno y no ha sido fácil. Realmente quienes llevamos a cabo un fuego cruzado somos los pueblos indígenas y si todo gobierno entendiera que los pueblos somos los que podemos dar una real soberanía tendrían menos años de torpeza burocrática.

¿Recibís algún tipo de apoyo en esa labor?

Sí. Hay muchos hermanos y hermanas indígenas que están dentro del poder, pero parece que es una condición del ser humano que cuando estás en el poder, te absorbe, te dejas llevar por él. El reto está en estar a la vanguardia de cómo puede avanzar tu proceso. Si hiciste cosas increíbles en un momento dado, ¿por qué no repetirlo o mantenerlo? Si añoramos un momento de bonanza de participación de los pueblos indígenas, ahora hay otra prioridad como es la de conseguir comida o la seguridad.

¿Cómo calificarías la situación política de Venezuela en la actualidad?

Es la máxima expresión de una cultura petrolera que ha hecho que dependamos de una sola economía y que no ha permitido que nosotros trabajemos la tierra. En el momento en el que Venezuela hubiera aprendido a hacer su propia comida, nosotros no estaríamos pasando lo que estamos pasando. Es una lección merecida.

¿A qué crees que os va a llevar esto?

A una situación a la que nunca hemos llegado y hemos pasado situaciones duras como pueblos indígenas. Lo más triste es la capacidad del venezolano de no asombrarse de las cosas, de conformidad, y la incapacidad de no aprender lecciones históricas. Tenemos la oportunidad de seguir aportando y floreciendo, teniendo la particularidad de que en Venezuela los pueblos indígenas somos menos del 2% y eso hace que quede mucho por delante en nuestra participación. Insisto, el reto es estar a la vanguardia de lo que exige un proceso revolucionario que realmente sea justo y se sostenga en el tiempo.

¿Cómo definirías la imagen que ofrecen de Venezuela los medios de comunicación?

Es de doble rasero. Por ejemplo, en Venezuela la oposición celebró un plebiscito y Mariano Rajoy le dio el visto bueno, sin embargo al de Cataluña, no. Allí se dice mucho que hay una conveniencia con respecto a las lecturas. Venezuela sufre de una extraña dictadura donde hay mayor cantidad de celebraciones democráticas, pero hay veces que tenemos la esperanza de que todo se resuelva con lógica y me hace pensar que el reto ahora es plantearse cuál es el modelo de ideología. El agua que toma Rajoy, que toma Maduro, que toma Trump es la misma que tomamos todos los seres humanos. Y esa es la prioridad: cuestionarnos si el estatus está mercantilizado, el uso del agua, etc. Son otras cuestiones más allá de quién está gobernando. Los medios son los primeros asesinos de todo proceso de pueblo: empiezan a minorizar los idiomas, a estereotipar las culturas y a atentar contra el decoro de un pueblo. Son el gran lobby para que los intereses de los gobiernos logren una situación favorable a ellos, que generalmente se caracteriza por la injusticia y acallar a los oprimidos. En el caso de Venezuela visibilizan algo para tapar algo de lo que no quieren que se hable. Por ejemplo, lo que está pasando en Cataluña es como un paraguas para lo que está pasando en Venezuela. En coyunturas como esta uno ve cuántos caen presas del cinismo de los medios y de pronto salen los expertos. España está llena de expertos en Venezuela, todos han vivido en Venezuela, todos saben qué está pasando en Venezuela y me asombra que sepan más que yo de mi propio país.