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“Los comunicadores sociales estamos siempre en riesgo”

ENTREVISTA A MARIANO ESTRADA, COORDINADOR GENERAL DE CLACPI (COORDINADORA LATINOAMERICANA DE CINE Y COMUNICACIÓN DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS)

Mariano Estrada lleva dos años al frente de la coordinación general de CLACPI, la cual integra radios, producciones audiovisuales y canales de televisión comunitarios que preservan la cultura de los pueblos indígenas y denuncian los abusos por parte de los gobiernos latinoamericanos. Después de pasar por Barcelona, Madrid y Málaga, estos días se encuentra en Córdoba, participando en la IX Muestra de Cine de los Pueblos Indígenas, organizada por CIC BATÁ.

 

Lo primero que llama la atención de CLACPI es su carácter itinerante. ¿Esto afecta la actividad de la coordinadora?

Es cierto que la realidad comunicativa de cada país es diferente. Bolivia, por ejemplo, es el mejor país para realizar producciones audiovisuales comunitarias porque cuenta con el apoyo del gobierno boliviano. En México, sin embargo, todos los comunicadores comunitarios que hablan de un modelo alternativo en contra del sistema perjudican la vida política del país, y, por tanto, son perseguidos, encarcelados, y desaparecen o son asesinados solo por ejercer la profesión de periodista. Es el caso de medios como Proceso o La Jornada. El Congreso de la Unión (órgano legislativo del Estado federal mexicano) tipifica las radios comunitarias como delito, es decir, es un delito tener una radio y es un delito ocupar una radiofrecuencia porque entienden que es un bien del país y nosotros somos ladrones. Se puede pedir un permiso a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para hacerlo por lo legal, pero puedes tardar medio siglo en conseguir el permiso. Es muy desgastante. Además, tienes que pagar una cuota anual por usar la frecuencia y no puedes emitir programas sociales o políticos, solo culturales. Todas estas radios comunitarias que están operando sin permiso ya son señaladas y serán perseguidas y sus miembros encarcelados. Esta es una ley que va en contra de los derechos del ejercicio de la comunicación de los pueblos indígenas.

¿Cómo son esa comunicación y ese cine de los pueblos indígenas?

El cine tiene una característica particular en relación al cine comercial: es un contenido que va más allá de divertir o relajar. Son producciones que invitan a la reflexión, que permite que la audiencia se preocupe por la situación de los pueblos indígenas, la sociedad latinoamericana o el medio ambiente.  Hay que visibilizar esta preocupación porque tenemos el derecho a vivir plenamente como toda la sociedad en vez de permanecer como esa clase baja, esa “basura”, como nos han tintado. 

¿Qué faceta recalcáis de los pueblos indígenas dentro de CLACPI?

La unidad, la idea de que la coordinadora funciona como una red que articula y conecta todas las regiones. El festival de cine de FICWALLMAPU potencia la imagen de la zona en la que se celebra y, al ser itinerante, cada año se potencia una región distinta.

Antes hablábamos del papel de cada gobierno pero, ¿cuál es el de la comunidad internacional ante tanta atrocidad?

Está la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que es nuestro último instrumento. Allí se denuncia lo que acontece en cada país de Latinoamérica. ¿Por qué este escenario? Porque cada país es libre de ejercer su propia economía y gobierno y, por lo tanto, puede hacer lo que quiera, ya sea arrasar con todo lo que quiera. Es así como han surgido dictadores como Pinochet.

Y Ríos Montt, Velasco Alvarado… Pero ¿quedan impunes?

Esta es una cuestión que nos preocupa. Me encontré a Victoria Tauli-Corpuz, la Relatora de Pueblos Indígenas en la ONU de Perú, y le manifestaba esta preocupación. Le dije que si bien la Corte Interamericana puede llamar la atención, solo queda en el papel, pero no se aplica en la práctica. Y ella decía que era una pena porque al final cada país tiene su autonomía y lo único que podemos hacer son recomendaciones de lo que están haciendo mal. Son casos que nos preocupan porque manifiestan que no tenemos garantía como personas, como comunicadores. Estamos siempre en riesgo. La masacre de una comunidad indígena en Chiapas en el 97 responde al objetivo del gobierno de acabar con las bases del zapatismo que surgieron en México con el Levantamiento de 1994. Masacraron a la comunidad indígena y hay datos que demuestran que la misma fuerza del gobierno estaba participando en los ataques. Los detuvieron y los encarcelaron, pero un convenio con el nuevo presidente, Felipe Calderón, otorgó la liberación de los presos. Y así fue. Antes de que acabara el sexenio de Calderón todos los que fueron señalados como culpables estaban en la calle. Todos estos casos se trasladaron a la Corte Interamericana, pero quedan en papel, de hecho, ahí están los asesinos, viviendo entre nosotros.

¿Y qué aportan el cine y la comunicación de los pueblos indígenas a esta lucha política?

La esperanza de cambiar todo un proceso. La vida política de cada país está manchada de sombras y nosotros, con nuestro granito de arena del cine, queremos seguir mostrando la realidad de los pueblos indígenas que se están manifestando. Ya no solo hay cine de denuncia, sino que proponemos qué hacer a través del cine. Sin embargo, no creemos que sea suficiente porque somos pequeños colectivos. Como red, intentamos traspasar las fronteras continentales y llegar a esas organizaciones de Francia, Nueva Zelanda, etc., que se sienten identificadas con la realidad indígena. Hasta fuimos al foro de las Naciones Unidas. Todo eso consolidará un proceso comunicativo.

Entonces, ¿la línea de trabajo de CLACPI en la actualidad es la expansión internacional?

Exacto. Esa alianza. Hay muchas organizaciones, asociaciones, colectivos e incluso universidades fuera del continente que se sienten identificadas con nosotros, pero a veces no es posible organizar acciones aquí por la falta de recursos. Ha habido un primer acercamiento con el Festival de Cine Málaga para colaborar y ha habido buenas vibraciones. Parece que la muestra de cine CLACPI se va a llevar a cabo. Ya hemos proyectado en la Muestra de Cine Indígena de Madrid en la Cineteca del Matadero, pero queremos expandirnos para llegar más a la sociedad.